"Cómo la neurociencia puede ayudar en la mejora de la capacidad de atención en adultos"

2–3 minutos

 La capacidad de atención es una habilidad cognitiva que nos permite concentrarnos en una tarea o un estímulo durante un periodo de tiempo. Sin embargo, esta habilidad puede verse afectada por diversos factores, como el estrés, el cansancio, la distracción o el envejecimiento. ¿Es posible mejorar la capacidad de atención en adultos? La neurociencia nos ofrece algunas claves y estrategias para lograrlo.

La neurociencia es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso. Gracias a los avances tecnológicos, como la resonancia magnética funcional o la electroencefalografía, podemos observar cómo se activan diferentes regiones cerebrales cuando realizamos una tarea que requiere atención. Así, podemos identificar qué áreas están implicadas en el proceso atencional y cómo podemos estimularlas.

Una de las áreas más importantes para la atención es la corteza prefrontal, situada en la parte anterior del cerebro. Esta región se encarga de regular la atención ejecutiva, es decir, la capacidad de planificar, organizar, controlar y mantener la atención en función de los objetivos. La corteza prefrontal también está relacionada con la memoria de trabajo, que nos permite almacenar y manipular información temporalmente.

Otra área relevante para la atención es el sistema reticular activador ascendente (SRAA), ubicado en el tronco encefálico. Este sistema se encarga de filtrar la información sensorial que llega al cerebro y de activar o inhibir otras regiones cerebrales según el nivel de alerta que necesitemos. El SRAA también está involucrado en el ciclo sueño-vigilia, por lo que influye en nuestra capacidad de mantenernos despiertos y atentos.

¿Cómo podemos mejorar la capacidad de atención en adultos a través de la neurociencia? Existen diversas técnicas y hábitos que pueden ayudarnos a potenciar el funcionamiento de estas áreas cerebrales y a mejorar nuestra concentración. Algunos ejemplos son:

– Practicar ejercicios de entrenamiento cognitivo, como juegos, puzzles, sudokus o crucigramas, que estimulan la corteza prefrontal y la memoria de trabajo.

– Realizar actividades que requieran atención sostenida, como leer, escribir, tocar un instrumento o aprender un idioma, que fortalecen las conexiones neuronales y aumentan la plasticidad cerebral.

– Meditar o practicar mindfulness, que favorecen el control atencional y reducen el estrés y la ansiedad.

– Dormir bien y mantener un horario regular de sueño, que regulan el SRAA y mejoran el estado de alerta y la atención.

– Hacer ejercicio físico moderado, que mejora el flujo sanguíneo al cerebro y libera sustancias como la dopamina o la serotonina, que mejoran el ánimo y la motivación.

– Evitar distracciones externas e internas, como el ruido, el móvil, las redes sociales o los pensamientos negativos, que interfieren con la atención y consumen recursos cognitivos.

La neurociencia nos ofrece una visión más profunda y científica de cómo funciona nuestra capacidad de atención y cómo podemos mejorarla. Sin embargo, no debemos olvidar que la atención es una habilidad que se puede entrenar y desarrollar con la práctica y el esfuerzo. Por ello, es importante adoptar un estilo de vida saludable y realizar actividades que nos mantengan activos y estimulados mentalmente.


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