Consejos para manejar los cambios y las transiciones en una relación de pareja

3–4 minutos

 Según la terapia racional emotiva conductual (TREC), una de las principales causas de los problemas emocionales y de relación es la tendencia a tener creencias irracionales sobre uno mismo, los demás y el mundo. Estas creencias nos llevan a tener emociones negativas, como ansiedad, depresión, culpa o resentimiento, que interfieren con nuestro bienestar y nuestra capacidad de adaptarnos a los cambios y las transiciones en una relación de pareja.

Los cambios y las transiciones son inevitables en la vida y en las relaciones. Algunos ejemplos son el inicio o el fin de una relación, el matrimonio, el nacimiento de un hijo, una mudanza, un cambio de trabajo, una enfermedad o una pérdida. Estos eventos pueden generar estrés, incertidumbre, miedo o conflicto en la pareja, pero también pueden ser oportunidades para crecer y fortalecer el vínculo.

La TREC nos ofrece algunos consejos para manejar los cambios y las transiciones en una relación de pareja de forma más saludable y racional:

– Identifica y cuestiona tus creencias irracionales. Por ejemplo, si piensas que tu pareja tiene que estar siempre de acuerdo contigo o que tu relación tiene que ser perfecta, estás teniendo creencias irracionales que te harán sentir frustrado, enojado o insatisfecho. Pregúntate si estas creencias son verdaderas, útiles o realistas, y sustitúyelas por otras más racionales, como que tu pareja puede tener opiniones diferentes a las tuyas o que tu relación puede tener altibajos sin que eso signifique que sea mala.

– Acepta la realidad tal como es. Muchas veces nos resistimos a los cambios y las transiciones porque no nos gustan o porque nos generan miedo o dolor. Sin embargo, negar o evitar la realidad no hace que desaparezca ni que mejore. Por el contrario, nos impide adaptarnos y buscar soluciones. La TREC nos propone aceptar la realidad tal como es, sin juzgarla ni dramatizarla, reconociendo que hay cosas que no podemos controlar ni cambiar, pero que podemos afrontar con actitud positiva y constructiva.

– Expresa tus emociones y necesidades de forma asertiva. Los cambios y las transiciones pueden provocar emociones intensas y variadas en la pareja, como alegría, tristeza, miedo, esperanza o enfado. Es importante expresar estas emociones de forma honesta y respetuosa, sin reprimirlas ni descargarlas en el otro. Asimismo, es fundamental comunicar nuestras necesidades y expectativas de forma clara y directa, sin suponer que el otro las sabe o las comparte. La asertividad es la habilidad de expresarnos de forma que respetamos nuestros derechos y los del otro, sin ser pasivos ni agresivos.

– Apóyate en tu pareja y en otras personas significativas. Los cambios y las transiciones pueden ser más llevaderos si contamos con el apoyo de nuestra pareja y de otras personas importantes para nosotros, como familiares o amigos. El apoyo puede ser emocional (escuchar, comprender, consolar), instrumental (ayudar, colaborar, resolver) o informativo (aconsejar, orientar, informar). Es importante pedir y ofrecer apoyo cuando lo necesitamos o lo necesitan los demás, sin sentirnos culpables ni débiles por ello.

– Busca el equilibrio entre el tiempo compartido y el tiempo individual. Los cambios y las transiciones pueden afectar al tiempo y la calidad de la convivencia en la pareja. A veces podemos sentirnos sobrecargados o agobiados por las demandas del otro o por las responsabilidades compartidas. Otras veces podemos sentirnos solos o abandonados por la falta de atención o de interés del otro. Es importante buscar un equilibrio entre el tiempo que dedicamos a la pareja y el tiempo que dedicamos a nosotros mismos, respetando el espacio y la autonomía de cada uno, pero también fomentando el afecto y la intimidad.

– Cuida de ti mismo y de tu pareja. Los cambios y las transiciones pueden afectar a nuestra salud física y mental, por lo que es fundamental cuidar de nosotros mismos y de nuestra pareja. Esto implica mantener hábitos saludables, como una alimentación equilibrada, un descanso adecuado, una actividad física regular y un ocio gratificante. También implica cuidar nuestra autoestima, nuestro optimismo, nuestro sentido del humor y nuestra capacidad de relajarnos y disfrutar del presente. Asimismo, implica cuidar nuestra relación, mostrando interés, respeto, cariño y gratitud por el otro, y evitando las críticas, los reproches, las quejas y las comparaciones.


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