Mariana tenía todo lo que cualquier persona podría desear. Un buen trabajo, una pareja que la amaba, amigos que la apoyaban y hasta un perro que siempre la recibía con un baile de felicidad en la puerta de su casa. Sin embargo, cuando se miraba en el espejo, solo podía ver lo que le faltaba: ese ascenso que aún no llegaba, la casa más grande que soñaba, el cuerpo que aún no consideraba «perfecto». Y así, vivía en una constante sensación de vacío.
Un día, mientras tomaba café con su abuela, se atrevió a confesar lo que sentía. La anciana sonrió y le dijo:
—Cuando tenía tu edad, creía que sería feliz cuando tuviera una casa más grande. Cuando la tuve, pensé que sería feliz cuando tuviera hijos. Cuando llegaron, creí que mi felicidad vendría cuando crecieran y fueran exitosos. Y así pasé la vida, corriendo detrás de lo que faltaba. Hasta que un día, me di cuenta de que la felicidad siempre estuvo en lo que ya tenía, pero no supe verlo.
Mariana quedó en silencio. Era la primera vez que entendía algo tan simple y a la vez tan poderoso: su mente la había engañado durante años, haciéndole creer que la felicidad estaba en la próxima meta, en el siguiente logro, en lo que aún no tenía.
¿Por qué nuestra mente se enfoca en lo que nos falta?
El cerebro humano tiene un sesgo llamado «sesgo de negatividad», que lo hace enfocarse más en lo que falta o en lo que está mal, en lugar de en lo que ya existe. Evolutivamente, esto tenía sentido: nuestros antepasados necesitaban estar alerta a peligros y carencias para sobrevivir. Sin embargo, en la actualidad, esto nos lleva a una eterna insatisfacción.
También está el fenómeno de la adaptación hedónica, que significa que, cuando alcanzamos algo que deseamos, nuestra satisfacción dura poco y pronto queremos algo más. Es como una escalera sin fin.
Cómo entrenar la mente para ver lo que sí tenemos
La buena noticia es que podemos reprogramar nuestra mente para valorar lo que ya tenemos. Aquí te dejo tres consejos prácticos:
- Ejercicio de gratitud diaria
Cada noche, antes de dormir, escribe tres cosas por las que estés agradecido. Pueden ser pequeñas, como una conversación agradable o el sol brillando. Esto ayuda a cambiar el enfoque de lo que falta a lo que abunda. - Evita la trampa de la comparación
Las redes sociales nos hacen sentir que siempre nos falta algo. Recuerda que lo que ves es solo la versión editada de la vida de los demás. Compárate solo contigo mismo y con tu propio progreso. - Disfruta el presente con conciencia plena
Practicar mindfulness o simplemente detenerte a saborear un café, respirar profundo o escuchar una canción sin prisas, te ayuda a conectar con el momento y a reducir la sensación de carencia.
Conclusión
Nuestra mente siempre buscará lo que falta, pero no tiene por qué gobernarnos. La clave está en recordarnos a diario que la felicidad no está en la próxima meta, sino en el presente. Como decía la abuela de Mariana:
«La felicidad no es lo que te falta, sino lo que ya tienes y decides valorar.»
Si este mensaje te hizo reflexionar, compártelo. Tal vez alguien más necesite recordarlo hoy. 😊✨



