¿Llevas Ansiolíticos «por si acaso»? Podrías Estar Manteniendo tu Ansiedad sin Saberlo

4–6 minutos

Revisa tus bolsillos o tu bolso ahora mismo. ¿Llevas ahí ese pequeño blíster de pastillas, un poco arrugado, que viaja contigo a todas partes «solo por seguridad»? No te las has tomado en meses, pero la sola idea de salir de casa sin ellas te provoca un sudor frío. Si esto te suena familiar, no estás solo, pero tenemos una noticia contraintuitiva para ti: ese «amuleto» farmacéutico podría ser la razón exacta por la que tu ansiedad no desaparece.

Muchos pacientes llegan a consulta creyendo que están manejando su ansiedad porque «tienen el control» (léase: pastillas en el bolsillo), pero la psicología conductual nos cuenta una historia diferente. Llevar medicación de rescate sin usarla es una de las «conductas de seguridad» más comunes y, paradójicamente, uno de los frenos más potentes para tu recuperación real.

1. La Trampa de las «Conductas de Seguridad»

En el tratamiento de los trastornos de ansiedad, especialmente en el pánico y la agorafobia, identificamos algo llamado «conductas de seguridad». Son esas cosas sutiles que haces para evitar que ocurra la catástrofe que temes (como desmayarte, morir o perder el control). Llevar el ansiolítico es el rey de estas conductas. Tu cerebro aprende una lección errónea: «Sobreviví a la reunión no porque soy capaz, sino porque tenía la pastilla conmigo».

Según los manuales de intervención cognitivo-conductual, estas conductas impiden que te des cuenta de que la ansiedad, aunque incómoda, no es peligrosa. Mientras dependas de tu muleta, nunca aprenderás a caminar solo.

Es como llevar un paracaídas puesto para ir a comprar el pan; seguro que te sientes protegido, pero la gente te mira raro y, sinceramente, es muy poco probable que caigas desde 10,000 pies en la panadería.

2. El Problema de la Atribución Errónea

El núcleo del problema es a quién le das el crédito de tu bienestar. Si tienes un ataque de pánico incipiente, tocas la pastilla en tu bolsillo y te calmas, tu mente piensa: «Uf, la pastilla me salvó». Esto se conoce como un error de atribución. La realidad es que tu ansiedad habría bajado por sí sola (porque la ansiedad siempre baja, es una curva fisiológica), pero al vincular tu calma a la presencia del fármaco, le robas el mérito a tus propios recursos internos.

«Las conductas de seguridad […] impiden la desconfirmación de las creencias catastróficas sobre las consecuencias de la ansiedad».

Básicamente, le estás dando el premio al «Empleado del Mes» a una pastilla que ni siquiera salió de su envoltorio, mientras tú hiciste todo el trabajo duro.

3. Estás Alimentando el Miedo al Miedo

La Terapia Racional Emotiva (TREC) y los enfoques cognitivos nos enseñan que no es el evento lo que nos perturba, sino nuestra interpretación del mismo. Al llevar la pastilla «por si acaso», estás enviando un mensaje constante a tu amígdala (el centro del miedo de tu cerebro): «¡Cuidado! El mundo es peligroso y yo soy frágil. Sin esto, no podré soportarlo». Esta creencia subyacente de «no puedo soportarlo» es lo que perpetúa el trastorno.

Albert Ellis nos recordaría que la ansiedad es incómoda, sí, pero no es terrible ni insoportable a menos que tú decidas que lo sea.

Tu cerebro es como un perro guardián sobreprotector; si le das una golosina (la seguridad de la pastilla) cada vez que ladra a una sombra, nunca dejará de ladrar.

4. La Dependencia Psicológica es Real

No estamos hablando de adicción química aquí, sino de la creencia de que necesitas algo externo para funcionar. Esta dependencia psicológica socava tu autoeficacia. Los modelos cognitivos de la depresión y la ansiedad señalan que la sensación de indefensión o la falta de control percibido son combustibles para el malestar. Recuperar el control significa saber que puedes surfear la ola de la ansiedad sin necesidad de un salvavidas artificial.

Es irónico: llevas la pastilla para sentirte libre de ir a donde quieras, pero en realidad eres prisionero de un trozo de aluminio y plástico.

5. Cómo Empezar a Soltar el «Amuleto»

La solución no es tirar las pastillas al inodoro hoy mismo (por favor, no hagas eso sin consultar a tu médico). La clave, como en toda buena terapia de conducta, es la exposición gradual.

  1. Empieza pequeño: Sal a tirar la basura sin las pastillas.
  2. Aumenta la apuesta: Ve a la tienda de la esquina sin ellas.
  3. Observa qué pasa: ¿Te dio ansiedad? Probablemente. ¿Sobreviviste? Definitivamente.
  4. Registra la evidencia: Anota que, a pesar del miedo, nada terrible sucedió.

Este proceso de «prueba de realidad» es fundamental para reestructurar tu cerebro y demostrarte a ti mismo que tu seguridad reside en ti, no en tu bolsillo.

Piénsalo como quitarle las rueditas a tu bicicleta; da miedo al principio, pero es la única forma de sentir el viento en la cara de verdad.


Conclusión

Llevar ansiolíticos «por si acaso» es una estrategia de afrontamiento comprensible, pero tiene un precio oculto: mantiene viva la idea de que la ansiedad es un monstruo que no puedes domar solo. La verdadera libertad llega cuando descubres que tienes las herramientas internas para manejar el malestar.

Si sientes que la idea de dejar tu «seguridad» en casa te paraliza, no tienes que hacerlo solo. Un terapeuta cognitivo-conductual puede guiarte en este proceso de forma segura. Te invitamos a dar el primer paso hacia una confianza real en ti mismo tomando terapia en psicologo77.com/psicologo-en-linea/. Además, para aquellos momentos en los que necesitas una perspectiva diferente y calmante, este libro electrónico de cuentos puede ser un excelente compañero de viaje (que no genera dependencia).

Pregunta para reflexionar: Si supieras con certeza absoluta que puedes manejar tu próxima crisis de ansiedad sin ayuda externa, ¿cómo cambiaría tu vida hoy mismo?


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