Hay un momento que todos conocemos: esa fracción de segundo en la que el cerebro decide que una reunión de trabajo, una cita romántica o incluso la fila del supermercado es un escenario de vida o muerte. El corazón se acelera, las manos sudan y la mente se queda en blanco. Te paralizas.
Es fácil sentir que la ansiedad es un monstruo externo que te ataca sin previo aviso. Pero, ¿y si te dijera que las llaves de esa jaula de parálisis las has tenido tú todo el tiempo, escondidas en la forma en que interpretas el mundo? Los manuales clínicos de gigantes de la psicología como Albert Ellis y Aaron Beck sugieren que no son las situaciones las que nos paralizan, sino lo que nos decimos a nosotros mismos sobre ellas.
Aquí hay cuatro conclusiones contraintuitivas, extraídas directamente de la teoría clínica, que podrían cambiar tu relación con la ansiedad.
1. No es el evento lo que te asusta, es tu «Traductor Interno»
La premisa más revolucionaria de la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) es el modelo A-B-C. «A» es el evento activador (ej. tu jefe te llama). «C» es tu consecuencia emocional (ej. pánico total). Solemos pensar que A causa C directamente. Pero nos saltamos la «B»: tus Creencias («Beliefs») sobre el evento.
Si crees que «mi jefe me llama, por lo tanto, seguro que me va a despedir y seré un fracasado viviendo bajo un puente», el pánico es inevitable. Tu cerebro no reacciona a la llamada, reacciona a tu interpretación catastrófica de la llamada. Básicamente, tu mente es como un portero de discoteca demasiado celoso que convierte una simple invitación en una amenaza de seguridad nacional.
El verdadero trabajo no es evitar al jefe, sino discutir esas creencias irracionales que generan la parálisis. Como señalan los expertos en sitios como Psicólogo77, el objetivo es cambiar esas exigencias absolutistas por preferencias flexibles.
«No son los acontecimientos los que perturban a los seres humanos, sino la opinión que tienen de ellos.»
— Epicteto (Una idea central adoptada por Albert Ellis en sus manuales de TREC)
2. Evitar lo que temes es la gasolina de tu ansiedad
Cuando la ansiedad te dice «¡No vayas a esa fiesta, será horrible!», y tú decides quedarte en casa viendo Netflix, sientes un alivio inmediato. ¡Salvado! Pero este alivio es una trampa mortal conocida en psicología conductual como «refuerzo negativo».
Cada vez que evitas una situación temida, le enseñas a tu cerebro dos cosas peligrosas: primero, que la situación era realmente peligrosa; y segundo, que la única forma de sobrevivir es escapando. La próxima vez, la ansiedad será más fuerte y tu necesidad de huir, más urgente. Tu cerebro te está entrenando como al perro de Pávlov, pero en lugar de salivar por comida, estás sudando frío por evitar la interacción social.
La salida contraintuitiva es la exposición. Tienes que enfrentar la situación temida para demostrarle a tu cerebro primitivo que, aunque es incómodo, no es mortal.
3. Deja de intentar «calmarte» antes de actuar
Mucha gente paralizada por la ansiedad espera el momento mágico en que se sientan «listos» o «tranquilos» para hacer lo que temen. Esperan a que la ansiedad baje a cero para poder empezar a moverse.
La terapia cognitiva nos enseña que esto es un error de cálculo. La motivación y la calma a menudo siguen a la acción, no al revés. Tienes que aprender a actuar con ansiedad, no sin ella. Se trata de llevar la ansiedad contigo en el asiento del copiloto, pero no dejarla conducir. Esperar a sentirte perfectamente calmado para enfrentar un reto es como esperar a que todos los semáforos de la ciudad se pongan en verde antes de sacar el coche del garaje.
4. Tus exigencias internas son los verdaderos tiranos
Gran parte de la ansiedad paralizante proviene de lo que Ellis llamaba «musturbatory thinking» (pensamiento absolutista). Son esas reglas rígidas que tenemos en la cabeza: «Debo hacerlo perfecto», «Le tengo que caer bien a todo el mundo», «No debe salir nada mal».
Cuando la realidad inevitablemente no cumple con estos «debo» y «tengo que», surge la ansiedad severa y la sensación de fracaso catastrófico. La parálisis es el resultado de temer no cumplir con un estándar imposible. Tu crítico interno actúa como un director de cine tiránico que exige la toma perfecta en el primer intento, sin guion y con bajo presupuesto.
La alternativa saludable es cultivar la autoaceptación incondicional y cambiar los «debo» por «me gustaría».
Una reflexión final
La ansiedad no es un defecto de fábrica; es un sistema de alarma que se ha vuelto demasiado sensible debido a nuestras interpretaciones y hábitos de evitación. La próxima vez que sientas esa parálisis, en lugar de intentar apagar la emoción, intenta cuestionar el pensamiento que la encendió.
¿Estás listo para dejar de luchar contra tu propia mente y empezar a usarla a tu favor?
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