La Ansiedad no es el Problema, es el Síntoma: ¿Qué Intenta Decirte tu Cuerpo?

4–5 minutos

Esa sensación: el corazón se acelera, las palmas sudan, el estómago se cierra y tu mente corre a mil por hora. La reacción instintiva de casi todos nosotros es: «¡Haz que pare! ¡Esto es horrible!»

Tratamos la ansiedad como al enemigo. La combatimos, la medicamos, huimos de ella o nos paralizamos ante ella. Pero en nuestra prisa por silenciarla, nos perdemos el punto clave.

La ansiedad, en la mayoría de los casos, no es la enfermedad. Es el síntoma.

Es el sistema de alarma de tu cuerpo gritando. A veces, grita porque hay un incendio real. Otras veces, grita porque el sensor de humo está demasiado sensible. Y otras, grita porque tú le dijiste que algo terrible estaba pasando (aunque no fuera verdad).

Basándonos en décadas de terapia cognitiva (desde Beck hasta Ellis), si dejas de luchar contra la alarma y te paras a escuchar el mensaje, esto es lo que podrías oír:

1. «Tus pensamientos me están asustando»

Esta es la lección central de la Terapia Cognitiva. Tu cuerpo no reacciona a la realidad; reacciona a tu interpretación de la realidad.

Si tu mente empieza a proyectar una película de terror (la distorsión cognitiva llamada «catastrofización»), tu cuerpo se la cree. Si piensas: «Si fallo en esta presentación, me despedirán, mi familia me abandonará y moriré solo», tu cuerpo no dice: «Qué exagerado». Tu cuerpo dice: «¡ALERTA ROJA! ¡AMENAZA DE MUERTE INMINENTE! ¡ACTIVANDO SISTEMA DE SUPERVIVENCIA!».

El remate: Tu cuerpo es un actor de método increíble que vive cada guion que tu mente escribe, por muy malo que sea. ¡Deja de darle películas de terror y ponle una comedia ligera, por favor!

Por qué importa: Esto es liberador. Si tus pensamientos son la causa, no tienes que cambiar el mundo (la presentación, a tu jefe) para sentirte mejor. Tienes «solo» que cambiar el pensamiento.

2. «Una de tus reglas inflexibles se acaba de romper»

El fundador de la Terapia Racional Emotiva, Albert Ellis, diría que tu ansiedad grita: «¡Alerta! ¡Alguien ha violado una de tus ‘exigencias’!».

Vivimos con reglas rígidas: «Yo debo hacerlo todo bien». «La gente debe tratarme con justicia». «El mundo no debería ser tan difícil». Cuando la realidad (que es caótica e injusta por naturaleza) rompe una de estas reglas, tu mente lo traduce como una catástrofe. Y tu cuerpo obedece.

El remate: Eres un dictador con un libro de leyes que solo tú conoces, y te enfadas cuando el mundo no las obedece. ¡Quizás el problema no es el mundo, sino tu libro de leyes!

Por qué importa: La paz no viene de que el mundo obedezca tus reglas. Viene de cambiar tus «debería» por «me gustaría».

…los 2 pilares fundamentales de un estilo de vida psicológicamente sano, son la autoaceptación incondicional (es decir, cambiar exigencias por preferencias en lo que respecta a uno mismo) y un alto nivel de tolerancia a la frustración…

3. «¡Me estás dando miedo… a mí mismo!»

Este es el círculo vicioso del pánico. Sientes una punzada de ansiedad normal (tal vez por el café). Tu mente, en lugar de ignorarla, se enfoca en ella: «¿Por qué late tan rápido mi corazón? ¿Me está dando un infarto? ¡Esto es horrible, no lo soporto!».

Tu cuerpo, al escuchar esta interpretación de «esto es horrible», se asusta más. Libera más adrenalina. Tu corazón late más rápido. Lo que confirma tu pensamiento: «¡Ves! ¡Te dije que era un infarto!».

El remate: Es como intentar apagar un pequeño fuego gritándole que es un incendio forestal. Tu pánico por el pánico es la gasolina. ¡Deja de echarle leña!

Por qué importa: La ansiedad sobre la ansiedad es la que la vuelve insoportable. Aprender a sentir ansiedad sin entrar en pánico por ella («Ah, hola, ansiedad. Qué incómoda eres. Pasa y siéntate, pero no te voy a hacer mucho caso») es la clave para desactivarla.

4. «¡Estoy evitando algo que me importa!»

A veces, la ansiedad es una brújula moral. Te pones ansioso antes de mentirle a un amigo. Te sientes ansioso cuando estás en un trabajo que va en contra de tus valores.

Otras veces, te avisa de que estás evitando algo que necesitas hacer. Tienes ansiedad por esa conversación difícil, por esa visita al médico, o por empezar ese proyecto que te da miedo. La ansiedad es el precio de la evitación.

El remate: Tu cuerpo te está diciendo: «Oye, sé que esto da miedo, pero es por aquí». Es el guardián del tesoro que estás demasiado asustado para buscar.

PorF qué importa: En este caso, la «cura» para la ansiedad no es calmarse, es actuar. Es tener la conversación, ir al médico o empezar el proyecto. La ansiedad es el peaje que pagas por vivir una vida valiente.


El mensajero, no el enemigo

Tu ansiedad no es un error de diseño. Es un mensajero increíblemente sofisticado, aunque a veces un poco sobreexcitado y dramático.

No puedes, ni deberías, eliminarla por completo. Sin ella, no te apartarías de un coche a toda velocidad. El objetivo es convertirte en un mejor traductor de sus mensajes.

Así que, la próxima vez que aparezca, en lugar de huir o luchar, respira un segundo y pregúntale con curiosidad:

«Está bien, te siento. ¿Qué intentas decirme esta vez?»


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