«Por qué a tu cerebro le encanta la cafeína y cómo consumirla responsablemente»

2–3 minutos

Pedro tenía 38 años, dos hijos, una startup que parecía una montaña rusa sin frenos… y una adicción disfrazada de hábito: el café.

Cada mañana, su ritual era casi sagrado. Despertar, arrastrarse hasta la cocina, pulsar el botón de su cafetera como si fuera el botón de reinicio de su vida, y esperar que esa primera taza hiciera magia. Y lo hacía. Durante unos minutos. Luego venían otras dos, a veces tres más antes del almuerzo. Para las 4 de la tarde, su corazón no sabía si estaba emocionado o simplemente sobrecargado.

Una tarde, mientras esperaba en la fila de su cafetería favorita, notó que su ansiedad estaba por las nubes. La gente hablando le sonaba como si estuvieran gritando, su pierna no paraba de moverse y su mente parecía estar haciendo maratón sin avisarle. Fue entonces cuando se preguntó: ¿realmente necesito tanto café… o me estoy auto saboteando con estilo?


El cerebro y su amor por la cafeína

La cafeína no es solo una bebida: es un pequeño hacker químico que bloquea la adenosina, la molécula que te dice que es hora de descansar. Cuando la bloqueas, tu cerebro piensa que sigue en modo fiesta y activa la producción de dopamina y adrenalina. El resultado: te sientes más alerta, más enfocado… y sí, un poco más invencible.

Pero esa magia tiene un precio. Porque cuando se va el efecto, viene la resaca emocional: irritabilidad, bajón de energía, dificultad para concentrarte. Y ahí es cuando… sí, te preparas otra taza. El ciclo continúa.


¿Café o combustible emocional?

Pedro no estaba tomando café solo por el sabor. Lo usaba para llenar vacíos: de sueño, de energía, de motivación. Pero lo que su cuerpo necesitaba no era más cafeína, sino descanso, organización y límites.

Aquí van algunos consejos prácticos que él mismo aplicó (sí, sobrevivió):

  1. No al café como primer impulso. Primero agua. El cuerpo está deshidratado después de dormir, y muchas veces ese “necesito café” es en realidad “necesito hidratación”.
  2. Fija una hora límite. Pedro dejó de tomar café después de las 3 p.m. para no sabotear su sueño.
  3. Cuida la dosis. Dos tazas bien distribuidas pueden ser más poderosas que cinco mal organizadas.
  4. Hazlo un ritual consciente. Nada de beber café mientras trabajas como robot. Detente. Huélelo. Saboréalo. Conviértelo en meditación líquida.
  5. Escucha a tu cuerpo. Si después del café te sientes más ansioso que enfocado, ahí tienes tu respuesta.

Pedro no dejó el café. Pero sí dejó de depender de él. Ahora lo disfruta como lo que realmente es: un compañero, no un salvador.


Frase inspiradora para compartir:«Tu energía no está en una taza de café, está en cómo decides cuidarte cuando nadie te ve.»

¿Tomas café por disfrute o por necesidad? Tal vez sea hora de conversarlo contigo mismo.


Precios de la terapia psicológica en México en 2025Precios de la terapia psicológica en México en 202520 de septiembre de 2025Psicólogo Juan José Hernández Lira
Lista de entradas3 de agosto de 2023Psicólogo Juan José Hernández Lira

aceptación incondicional Agresividad Albert Ellis Ansiedad autoaceptación autoestima autoexigencia baja tolerancia a la frustración bienestar bienestar emocional Cambiar cambio emocional comunicación control emocional crecimiento personal creencias irracionales Depresión diálogo interno emociones emociones intensas emociones negativas enojo Estrés fff Insomnio Manejo de conductas Manejo de emociones Metas Motivación Pareja pensamiento irracional pensamientos irracionales perfeccionismo Recursos Resiliencia Responsabilidad emocional Salud Mental SaludMental Terapia Terapia Cognitivo Conductual terapia racional emotiva Terapia Racional Emotiva conductual Tolerancia a la Frustración Trastornos TREC

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Psicólogo en línea