
A menudo nos castigamos severamente por equivocarnos. Sin embargo, cometer un error es simplemente una acción, no una etiqueta que defina tu identidad ni tu valor como persona. Exigirnos perfección absoluta es una trampa irracional que solo genera ansiedad y bloqueos emocionales.
Un fracaso ocurre en una situación específica, pero tú eres mucho más complejo que un solo evento. Acepta tu falibilidad. Tropezar demuestra algo valioso: estás intentando, estás aprendiendo y, sobre todo, estás vivo.
La próxima vez que falles, sé compasivo contigo mismo. Corrige lo que puedas, asimila la lección y sigue adelante. Eres humano.



